Escuchar ruidos de forma constante es un problema que puede conducir a un aislamiento social o a una falta de autoestima, afectando así a la calidad de vida de la persona. Por ello, es fundamental llevar a cabo un estricto cuidado de los oídos y acudir a revisiones médicas periódicamente.

Las personas que padecen acúfenos deben ser conscientes de que fumar agrava el problema al tratarse de una sustancia estimulante. En este artículo analizamos la relación entre el tabaco y los acúfenos, y proponemos algunas recomendaciones ponerle fin a este nocivo hábito.

Relación entre acúfenos y tabaco

El tabaco, la cafeína, la sal, el alcohol y, en general, cualquier sustancia estimulante, puede perjudicar a nuestra salud auditiva. Son varios los estudios realizados en el ámbito internacional que concluyen que las personas que fuman tienen un 70 % más de probabilidades de sufrir problemas de audición y, más concretamente, aquellos asociados a los acúfenos o tinnitus.

Algunos fumadores aseguran haber experimentado un empeoramiento de los acúfenos (aumentos de intensidad o de duración de los ruidos) cuando fuman en exceso. Algo que, en ocasiones, puede llegar a convertirse en una auténtica orquesta insoportable de pitidos y zumbidos.

Y es que la nicotina del tabaco tiene efectos vasoconstrictores (estrechamiento de los vasos sanguíneos) que pueden producir o intensificar estos molestos ruidos en el oído. Esto quiere decir que al fumar se reduce la cantidad de sangre que circula por los conductos auditivos, lo que favorece la aparición de tinnitus o acúfenos.

Para disminuir los acúfenos, por tanto, es recomendable, por no decir necesario, dejar de fumar, como parte del tratamiento. Además, terminando con este hábito no solo se conseguirá reducir los acúfenos, sino también se conseguirá una mejora de la salud en general.

Pautas para dejar de fumar

  • Escoger una fecha para dejarlo. Los días previos, se recomienda disminuir el consumo de cigarrillos de forma progresiva. Pero el día seleccionado debe ser el definitivo y dejarlo por completo. Es recomendable que no coincida con algún evento social importante ya que podría generarse una mayor sensación de ansiedad.
  • Informar a amigos y familiares de la decisión. Se recomienda incluso publicarlo en alguna red social para dejar constancia de que se tiene la intención de dejar de fumar y el entorno anime en la medida de lo posible.
  • Tirar ceniceros, encendedores, paquetes de tabaco y todo lo que pueda vincularse a ese hábito. Limpiar posibles olores a humo en la casa (o el coche): cortinas, muebles, ropa, etc.
  • Planificar alguna actividad para los momentos en los que se sienten más ganas de fumar. Por ejemplo practicar algún deporte, salir a pasear, leer un libro, ver una película, etc.
  • Cambiar rutinas y horarios. Es habitual que la gente fume a horas fijas, por eso, cambiar la hora de comer o de cenar puede ser útil para olvidarse del cigarrillo de después.
  • Llevar una alimentación saludable. Frutas, verduras, zumos, infusiones… Si se consigue tener la sensación de estar cuidando la salud de forma completa, habrá más posibilidades de no recaer en el tabaco.
  • Abstinencia total. Es importante recordar que la persona que deja de fumar no puede permitirse ni un solo pitillo, porque correrá el riesgo de recaer.

Otras recomendaciones

  1. Ser positivo. Pensar que es un objetivo alcanzable y no rendirse a la primera de cambio.
  2. Meter en una hucha el dinero que se empleaba en fumar y, a los meses, darse un capricho.
  3. Beber mucha agua.
  4. Practicar ejercicios de respiración profunda para calmar la ansiedad.
  5. Buscar nuevos hábitos.
  6. Consumir bebidas con gas, pues también tienen un efecto estimulante.

Recuerda que si necesitas ayuda para dejar el hábito del tabaco puedes pedir asesoramiento a un especialista. Un médico podrá ayudarte a superar el tabaquismo mediante medicamentos o sustitutivos de la nicotina. Cuida de tu salud general y de tu salud auditiva.