Dormir es una actividad imprescindible para los seres humanos. Y dormir bien es fundamental para mantener una buena salud, tanto física como mental. Si no logramos descansar de forma adecuada, durante el día estaremos cansados, irritables y con falta de concentración. Además, a largo plazo, un descanso insuficiente puede conducirnos a padecer depresión, ansiedad y problemas cardiovasculares.

Un sueño de calidad es aquel que se desarrolla de manera continuada, con una duración media de entre siete y nueve horas diarias para un adulto. Sin embargo, no siempre es sencillo conseguirlo, ya que hay un sinfín de factores internos y externos que pueden alterar la calidad de nuestro sueño. Cualquiera que lo padezca sabe lo complicado que resulta dormir cuando se tiene acúfenos. Los tinnitus o acúfenos son sonidos que se escuchan en los oídos o en la cabeza, pero que no provienen de ninguna fuente externa. Estos zumbidos o pitidos se vuelven más intensos en el silencio de la noche y, por ello, crean a quien los padece problemas para descansar. Aunque es imprescindible acudir a un especialista para que valore de forma adecuada cada caso, desde este espacio queremos dar unos consejos para ayudar a construir un contexto en el que conseguir dormir con acúfenos sea algo más fácil. Y es que mantener una buena higiene del sueño se puede lograr con una serie de medidas que cualquier persona puede incluir de forma sencilla en su rutina diaria.

Lo primero que hay que hacer es establecer una rutina de sueño, es decir, fijar unos horarios para levantarse y acostarse todos los días a la misma hora. De este modo, nuestro cuerpo se acostumbrará a este hábito y nos resultará más sencillo quedarnos dormidos cuando nos acostemos.

Es fundamental disponer de unas condiciones óptimas para poder dormir bien. El dormitorio debe ser como un “santuario” y encontrarse a una temperatura agradable, ni muy fría ni muy cálida. Las persianas o cortinas deben estar echadas para evitar que entre luz, ya que se descansa mejor en lugares oscuros. Además, la cama y la almohada deben ser acogedoras y confortables. Tampoco debe haber relojes a la vista. Hablando de la cama: debemos utilizarla solamente para dormir. Quedarse en la cama por las mañanas cuando ya estamos despiertos es contraproducente. También, debemos evitar estar tumbados en ella mientras vemos la televisión, trabajamos o jugamos a videojuegos.

Aunque diversos estudios científicos aseguran que dormir una siesta de veinte minutos después de comer aporta beneficios a la salud, si tenemos problemas para descansar por las noches, debemos intentar prescindir de ella.

Si nos acostamos con el estómago lleno, nos costará más conciliar el sueño. Para evitar la sensación de pesadez, es recomendable tomar cenas ligeras y por lo menos dos horas antes de acostarnos. Tampoco debemos ingerir sustancias excitantes durante las últimas horas del día. Nada de bebidas con cafeína, té o cacao cuando se esté acercando la hora de dormir.

El ejercicio físico diario aporta una gran cantidad de beneficios a nuestra salud y está también indicado en el caso de problemas de insomnio. Eso sí, nunca después de las siete de la tarde, puesto que activará nuestro organismo y conseguiremos el efecto contrario al deseado.

La luz que desprenden las pantallas es uno de los estímulos que puede favorecer el insomnio. Por esta razón, debemos evitar el uso de teléfonos móviles, tabletas y demás aparatos tecnológicos antes de irnos a la cama.

Para ayudarnos a conciliar el sueño, podemos realizar actividades relajantes antes de acostarnos. Tomar un baño con agua templada, escuchar música calmada, meditar o leer un libro pueden resultar de gran ayuda.

Siguiendo estos sencillos consejos podemos conseguir un buen descanso nocturno para sentirnos radiantes por la mañana. ¡Qué descanséis!